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Justificación La ciencia es el principal factor de la globalización de los problemas y oportunidades que enfrentan las sociedades humanas, tales como salud, cambio climático, producción competitiva, empleo, acceso a fuentes de información y en general una oportunidad para el acceso real y manejable a mejores condiciones de vida. La ciencia es percibida como una parte esencial de la cultura, y la misma debe estar relacionada no sólo con el desarrollo económico y tecnológico sino con la identidad, las actitudes y hábitos del ciudadano del siglo XXI. En este sentido, la ciudadanía debe construirse bajo una serie de procesos y valores vinculados a la ciencia, a la democracia y a los elementos tradicionales de nuestras culturas. Los países en desarrollo están haciendo grandes esfuerzos por integrar a la ciencia dentro de sus culturas. El “espíritu científico” es visto en países como India, como una piedra angular para la construcción de una sociedad capaz de convertirse en una potencia intelectual y económica, ofreciendo a la población mejores condiciones de vida y un sinfín de oportunidades. La enseñanza de la ciencia es un elemento clave para el fomento del “espíritu científico” de los individuos y las naciones. Es un proceso que desarrolla actitudes científicas y hábitos y habilidades de pensamiento, a la vez que promueve el interés de la gente hacia la ciencia, la tecnología y sus implicaciones hacia la sociedad. El pensamiento científico, por su carácter creativo y disciplinado, nos obliga a mantenernos en un constante equilibrio entre la apertura hacia nuevas ideas y el escepticismo que nos lleva a un profundo escrutinio. Esta forma de pensamiento también es una herramienta vital para las democracias en tiempos de cambio. La enseñanza de la ciencia impulsa las capacidades de los individuos para entender los problemas sociales y naturales que los rodean y los mecanismos para resolverlos como ciudadanos responsables.
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